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LUIS MIGUEL DOMINGUÍN QUISO CAMBIAR LOS GUSTOS SEXUALES DE MIGUEL BOSÉ



Las apetencias del cantante siempre han sido motivo de controversia. Y hasta de preocupación para su padre, que no dudó en pedir ayuda a una conocidísima transexual.

No es ningún secreto que la palabra ambigüedad se ha hecho una constante en la vida de Miguel Bosé. Quizás todo empezó el día en que el cantante fue visto en público con Amanda Lear, aquella rubísima transexual que encandiló a Salvador Dalí.

A propósito de este asunto, el periodista Juliá Peiró escribió un libro, Anys de pit i cuixa (Planeta), donde relata una anécdota que le contó la propia Amanda y que a su vez ha sido recogida por Pierrot en sus memorias, a disposición de los interesados en CarlaAntonelli.com: "Resulta que el padre de Miguel Bosé, el torero Dominguín, le pidió (a Amanda Lear) que «le ayudase a cambiar las inclinaciones de su hijo que le estaba saliendo homosexual» y que ella, como buena conocedora de los misterios del sexo, lo estrenó pero que sus lecciones no funcionaron porque sigue por el mismo camino. Bosé, al enterarse de la confidencia se lo tomó a guasa y dijo que esto se lo inventaría alguien".

¿Salir del armario? No, gracias

Lo cierto es que las apetencias de Miguel siempre han llamado la atención de los medios. El 13 de marzo de 2005, Mariana Enríquez firmaba un artículo en el suplemento Radar, que se reparte con el rotativo argentino Página/12, donde arrojaba algo de luz sobre el asunto. Según la periodista, los comentarios se desataron cuando Bosé "lanzó Más Allá, que tenía una canción muy atrevida, Hermano mío". Sin embargo, se equivocaron los que pensaron que el cantante estaba hablando abiertamente sobre su sexualidad. Y así lo explica Mariana: "¿Salida del closet? Jamás. Bosé dijo que la canción estaba dedicada a su hermano Gianluca, muerto en la infancia, y desde entonces se negó de plano a responder preguntas sobre su sexualidad, negativa acompañada de un control fenomenal de su imagen pública: no se le conoce novio ni novia, y jamás se ha hablado del asunto con algún viso de seriedad. Pero él ha regalado algunas declaraciones, cómo no: «Yo sé de gustarles mucho a las mujeres, por el parecido a ellas que encuentran en mí, y sé de también gustarles a los hombres. De hecho son los mismos hombres los que me quieren ambiguo, efébico, a lo mejor afeminado. Hay tentación homosexual, pero no tendrían nunca el ánimo de manifestarla en la dirección de un macho muy viril. Una imagen como la mía funciona mejor»".

Al igual que muchos grandes artistas, Bosé no ha podido escapar al infierno de las drogas y el alcohol. Un tema del que habló abiertamente a El Nacional. Los coqueteos con las sustancias prohibidas empezaron el 20 de diciembre de 1988: "Recuerdo esa fecha con la misma claridad que sé que el descubrimiento de América fue en 1492. Yo no salía, nunca había bebido una cerveza. Recuerdo que mis amigos me contaban que iban a Pachá y que hacían esto y lo otro. A través de esa información yo había configurado la geografía de Pachá y la tenía tan clara en mi mente que podía recorrerlo a ciegas. Y todo para evitarme la vergüenza de tener que explicar que nunca había estado allí. ¡Nadie me habría creído!". Miguel continua explicando el porqué de este descenso a los infiernos: "Por causa de un desengaño amoroso, ese día me lancé. Llamé a tres amigos, tomé la primera copa y así empezó la barbarie. En dos años, recuperé todo lo que no había hecho en mi vida anterior".

Los años en que Miguel vivió peligrosamente

El intérprete de Bandido define la experiencia por el otro lado de la vida de la siguiente manera: "Pésima. Desastrosa. Ninguna me sentaba bien. Todavía hoy me sigue sin gustar el alcohol. Aparte de la cerveza y determinados vinos, odio el sabor de las bebidas alcohólicas. ¡Lo que me gusta es estar borracho! Igual con las otras sustancias, me resultan detestables. Lo que busco es su efecto. Todo lo demás es... asqueroso". Y es que aunque él mismo reconoce que descubrió territorios y personas hasta entonces desconocidos, también supo "que realmente ésa no era la vida que yo quería. A mí lo que me gusta es invitar a los amigos a casa, prepararles una buena cena y estar hasta las tantas. En 1990, me levanté un día y me dije «ya no salgo más». Fueron casi dos años de no ver la luz del día, de draculazo, de andar con lentes oscuros, éramos la tribu de las Ray Ban. Qué desperdicio. Evalué lo que me servía y lo que no, y asumí que podría recurrir a lo que me interesaba sin entrar en una dinámica tan destructora".

A Miguel le gustaría "que la industria farmacéutica inventara píldoras que te den la euforia de tres copas. Lo que detesto es tener que ingerir los combinados. Por ejemplo, no puedo entender lo del vodka, es lo más diurético del mundo. Me ha pasado: cinco de la mañana, atasco en el centro de Madrid y te estás meando; entonces, abres la puerta del coche en medio del tráfico ¡y aparece un policía! Eso sí que es degradante. Insisto: estar borracho me encanta. Pero ni siquiera me he habituado al rey de los alcoholes: el tequila. Ahora puedo beber dos cervezas o dos vasos de vino, pero tampoco me sirven para emborracharme". Fuente
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